El impacto de mejorar la calificación energética

Alberto Rouco

10/22/20264 min read

El momento de hacer una reforma, sobre todo si es integral o importante, es la ocasión perfecta para aprovechar y mejorar la eficiencia energética de la vivienda.

La primera cuestión es si vale la pena invertir un extra para esta mejora.

Una primera consideración es que, si de todas formas vamos a hacer obras, no habrá mejor ocasión para hacer este pequeño extra. Al incluir los trabajos adicionales en una reforma que de todos modos íbamos a hacer, el precio de los adicionales será más económico que si hacemos la obra específica y únicamente para mejorar la eficiencia energética.

Lo siguiente es un cálculo puramente económico. Vamos a usar un ejemplo concreto y real de un piso en el Eixample de Barcelona que rehabilitamos íntegramente para alquilar. El punto de partida era malo, aunque habitualmente encontramos pisos mucho peores, energéticamente hablando, en Barcelona. La calificación tanto de consumo de energía como de emisiones era una E. El consumo según la etiqueta energética de 2019 era de 201 kWh/m2 año. Las emisiones alcanzaban 41 kg CO2/m2 año. Uno de los objetivos de la reforma era mejorar la eficiencia y emisiones del inmueble hasta alcanzar una calificación C en ambas. Obtener una calificación mejor es difícil en una finca antigua a menos que la comunidad de vecinos esté dispuesta a hacer mejores importantes en cubiertas y fachadas y a instalar sistemas de autoconsumo o energías renovables. El problema es que eso no depende del propietario de un inmueble sino de la mayoría de los vecinos de la comunidad y estos raramente están dispuestos a afrontar el coste elevado de esas actuaciones. Nuestra reforma logró el objetivo marcado y conseguimos una C con un consumo de 60 kWh/m2 año y emisiones de 12 kg CO2/m2 año, es decir que redujimos 3,4 veces ambas magnitudes.

Las etiquetas del final de este artículo son las reales obtenidas para este inmueble. La primera es de abril de 2019 y la segunda de noviembre de 2024.

El cálculo económico es simple. El consumo anterior en este piso de 80m2, era de 201kWh/m2 año x 80m2 x 0,13€/kWh = 2.090€/año.

El consumo tras la mejora conseguida con la reforma es de 60kWh/m2 año x 80m2 x 0,13€/kWh = 624€/año. Por supuesto 3,4 veces menos.

Ahora se trata de ver en cuantos años amortizamos el coste invertido en las mejoras energéticas durante la reforma con este ahorro de 1.466€ al año y si ese número de años nos resulta personalmente aceptable. Esta valoración es siempre subjetiva y personal.

La tercera consideración es ética y, por supuesto, también muy personal. Hasta que punto estamos comprometidos con la mejora medioambiental y cuánto estamos dispuestos a invertir para reducir las emisiones de nuestra vivienda en un factor 3,4.

La última reflexión que debemos hacer es legal. La UE y, en consecuencia, España, ya están legislando con el objetivo de reducir consumo energético y emisiones en las viviendas y ya aplican leyes con un horizonte temporal que marca el límite máximo de consumos y emisiones que se permitirá en los inmuebles. A partir de la fecha en que se imponga cada límitación, ya no se podrán vender ni alquilar inmuebles que excedan los límites impuestos. Un argumento absolutamente evidente e incuestionable es que a nadie le interesa poseer un inmueble invendible (ni siquiera alquilable). Por tanto, antes de cada fecha límite será muy conveniente reformar para mejorar energéticamente nuestra vivienda, especialmente si tenemos interés por poder venderla en algún momento.

En general y aunque solo sea por razones legales, nos conviene mejorar la eficiencia energética de nuestros inmuebles y aprovechar el momento oportuno en que nos planteemos hacer una rehabilitación para añadir actuaciones que nos permitan reducir el consumo.

¿Cuáles son estas actuaciones en la reforma?

Las principales que podemos acometer en nuestro inmueble sin depender de la comunidad de vecinos son las siguientes:

  • Mejora de aislamiento en las envolventes de nuestro inmueble (paredes, suelo y techo). Esto incluye trasdosados de yeso con aislamiento entre la pared antigua y las placas de yeso, falsos techos continuos con aislamiento térmico y suelos con base de aislamiento térmico. Vale la pena que los aislamientos usados no sean solo térmicos, sino también acústicos. De este modo aumentamos también el confort de nuestro hogar aislándonos de los ruidos exteriores o de los vecinos.

  • Cambio de cerramientos, recurriendo a balconeras y ventanas de PVC o aluminio con puente térmico y a un buen doble o triple acristalamiento. Estos cerramientos tendrán además la virtud de contribuir a aislarnos también del ruido.

  • Mejora del sistema de calefacción, por ejemplo con sistemas de aire acondicionado con bomba de calor. Estos equipos mejorarán además nuestro nivel de confort en verano.

  • Cambio del sistema de agua caliente sanitaria por sistemas actuales de bajo consumo.

  • Uso de electrodomésticos más eficientes (con la mejor calificación energética posible). Especialmente los de más alto consumo, como placas de cocción u hornos, y los de consumo continuo, como frigoríficos o congeladores.

Aplicando estas mejoras, conseguiremos una calificación energética muy superior del inmueble, además de un ahorro importante. Por supuesto, la magnitud del ahorro dependerá del estado inicial de la vivienda y de la envergadura de las reformas que hagamos.

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